Utilizar el sermón o la cantaleta al hablar con tus hijos, hace que obtengas poco o ningún resultado en tu acompañamiento contra el bullying. Para identificar si tú eres uno de ellos es importante partir de la definición: un sermón es un discurso unidireccional que hace parte de las técnicas de comunicación parental basadas en lo dictatorial, la imposición y el control en donde el interés del padre es hablar y ser escuchado sin integrar a dicha conversación a su hijo.

El sermón es un monólogo que se acompaña de frases como “me mato trabajando para que no te falte nada”, “mira como me pagas”, “estoy harto de que te portes mal”, “ya no sé qué hacer contigo”, “cuando yo era niño me portaba bien”, entre otras.  Estas expresiones son empleadas por los padres de familia para responder a diferentes situaciones entre ellas, las relacionadas con acoso escolar.

Sermones y bullying

Si como padre conoces que tu hijo puede estar siendo víctima de bullying, NO es el momento de regañar o sermonear. Esta respuesta lo puede hacer sentir culpable por lo que le está ocurriendo y cierra la posibilidad de que comunique lo que vive porque en lugar de sentirse acompañado se encuentra con una serie de juicios y palabras que, en lugar de sumar, restan a la situación, reforzando su dolor emocional.

Te invito a cambiar los sermones por preguntas, pues estas permiten transitar hacia la comunicación efectiva y conectar desde la comprensión. Preguntar en vez de hablar motiva a los niños y jóvenes a pensar y expresar lo que piensan y sienten, favorecen la participación, la resolución de problemas y la inteligencia emocional ya que estas los involucran en la búsqueda de soluciones haciéndoles sentir validados y respetados.

Las preguntas efectivas se acompañan de una actitud tranquila y un tono de voz adecuado, en donde se conserva la calma por parte de los padres, favoreciendo un ambiente en el que predomine el respaldo, la tranquilidad y el respeto.

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Evita preguntar:

¿Por qué te están haciendo bullying?

¿Qué hiciste para que esto te esté pasando?

¿Y no has hecho nada?

¿Por qué te dejas?

¿Y por qué no me habías dicho nada?

¿Esa es la confianza que me tienes?

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Utiliza preguntas como:

¿Quieres contarme qué te pasa?

¿Hay algo que necesites de mí que creas que si lo recibes te pueda ayudar?

¿Podrías indicarme cuándo y dónde empezó el problema?

¿Qué crees que te ayudaría a estar mejor?

 

No hagas tantas preguntas. Acompaña a tu hijo con frases como “ya veo…. estas muy agobiado… noto que te preocupa”

Evita frases como: “no hay mal que dure cien años” … “después de la tormenta llega la calma”

Si tu hijo o alguien de tu familia está siendo víctima de bullying te invitamos a contactarnos a través de nuestras redes sociales en Facebook e Instagram como ACPAE o escribirnos tu inquietud al correo electrónico acpaeasociacion@gmail.com

Autor: Francy Yovana Velandia Castrillón.

Psicóloga, Presidenta Asociación Colombiana para la prevención del Acoso Escolar ACPAE

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